¿Alguna vez se preguntaron por qué existen los recuerdos? Yo sí, justo en este momento cuando encontré una nota de Nicholas de quién sabe cuando. Una simple nota, con un simple ‘Te amo’ que deja de ser simple porque él mismo lo escribió para mí. Lo extraño, lo extraño demasiado, cada segundo que pasa me lamento por no haberlo detenido, no haberle dicho esas cosas que rondaban por mi cabeza, quizás el final hubiese sido otro. Abrazar mi almohada no es lo mismo que sentirme protegida en sus brazos, apoyarme en su pecho y escuchar la dulce armonía de su corazón al latir, nada se compara con eso.
Hace casi dos años que no sé nada de él, ¿en qué parte del mundo se encontrará ahora? Al menos sé que estamos en el mismo planeta. No puedo dejar de pensarlo, de soñarlo, recuerdo perfectamente su rostro, inclusive el lugar exacto de cada uno de sus lunares… no me sirve de nada, no lo tengo conmigo. Fui realmente una tonta, lo soy aún.
—No sabrás más nada de mí, ¿eso es lo que quieres?—
—Claro, ¿crees que todo gira entorno a ti? Te equivocas. Vete, vete, no me importa— ¿Era necesario contestarle eso? Bueno, lo había visto con otra, no quise escuchar sus explicaciones, pero así fue, esos labios que según él “era sólo míos” los estaba probando otra chica que no era yo.
De todos modos ahora me arrepiento, está mal, lo sé, es que jamás creí necesitarlo tanto, no deje de amarlo, no podría.
¿Nick se acordará de mí? OH POR DIOS, estoy realmente loca, esto es absurdo, innecesario. Las lágrimas caen por sí solas, la soledad me inunda junto con esa terrible presión en el pecho.
¿Qué es el amor? Pfff, mi estado me lleva a preguntarme cosas demasiado filosóficas, es raro… la frase “del amor nadie se salva” es tan real como decir que bajo la lluvia me mojaría, mi situación es realmente penosa.
Recuerdo como si hubiese sido ayer cuando lo vi por primera vez, en los pasillos del colegio, caminaba con cierta timidez, con cierto encanto, que supo disimular de maravilla a medida que pasaban los días. Obvio, siempre ignorándome, de eso no tenía dudas, hasta que un día al salir de la clase de Gimnasia me habló:
— ¿Sabes algo? Necesito saber tu nombre. Soy Nick, Nick Jonas. Mucho gusto— Recuerdo perfectamente esa hermosa sonrisa, tan perfecta, tan sincera, que dejaba ver esos dientes que él tanto detestaba pero yo, por el contrario, adoraba. Él tenía ese “no se qué” que me hacía imposible dejar de mirarlo, incluso antes de que me hablara, quizás suena a algo parecido a la historia de una telenovela o algo por el estilo pero eso era lo que yo vivía.
¿Y cuando salimos? Me invitó a la heladería que quedaba a la vuelta del colegio, como siempre arruiné el momento manchándome como si fuera un bebé, aunque escuché por primera vez su risa, tan contagiosa. Impresionante.
Bueno, lo más impresionante en verdad fue cuando me besó, me agarró por sorpresa una tarde que me acompañó a mi casa, fue entonces cuando pasamos a ser novios, y tontamente nos juramos “amor por siempre” cosa de niños ¿no? En fin, digo “tontamente” por lo ocurrido luego, no es necesario repetirlo.
Tres años juntos, tres años en los que le di todo, me arriesgue a tantas cosas sólo por él, porque lo amaba… lo amo. Sí, así es, lo amo, no puedo mentir, no puedo mentirme. Lo dejé ir, lo dejé ser libre, quizás eso era lo mejor para él, quizás él no me amaba lo suficiente, y si era feliz con otra debía aceptarlo, justamente por el amor que yo le tengo. No podía tenerlo como “prisionero”. Claro, todo eso fue antes de que… bueno, antes de que me enterara que… es difícil de decir.
Tengo dieciocho años, una vida por delante aunque está vida siempre tendrá su sello, jamás podré olvidarlo, jamás. No, no estoy loca. Es la pura realidad, será imposible olvidarlo.
Alguien está jalando de mi blusa.
—Mami— ¿Ven lo que les digo? Jamás podré olvidarlo.
—Thomas, ven con mamá— Alcé a mi niño. A los casi dos meses que Nicholas se fue me enteré que estaba embarazada, así es. Un poco tarde, realmente no entendí si era una señal, algo del destino, o mi vida estaba arruinada, claro, quien planea tener un bebé a los diecisiete años, menos aún estando sola. Aunque no puedo negarlo, Thomas es un angelito en mi vida, un angelito que con su sonrisa hace que tenga una razón más para vivir; tiene sus mismos ojos, su misma nariz, los rizos que siempre me volvieron loca... Fue muy complicado todo, tuve la suerte de tener el apoyo de mis padres, aunque realmente costó un poco, creo que se decepcionaron de mí… y tuvieron las razones.
Hace un año y unos meses que ya no sé nada de Nicholas, no tuve cómo localizarlo, ni tampoco quise.
Pude sola, podré sola, aunque las cosas se complicarán cuando Thomas me pregunte por su padre, porque es obvio que tiene uno, no podré ocultárselo…
Bien, pasaron dos meses desde aquella caída sentimental que tuve, hoy es el día de viajar a Arizona, es un pequeño paseo que planeé para comprarle algunas cosas a mi hijo, y buscar unos papeles que me pidió mi madre hace tiempo.
— ¿Todo listo, hija?—dijo mi madre ya en el aeropuerto—. Recuerda que la oficina está abierta hasta las cinco, te queda de paso.
— Sí, má. Tranquila, cualquier cosa te llamo— le sonreí y dejé que besara la frente de Tom.
El viaje pasó más rápido de lo que esperaba, mi estadía aquí será solo de una noche. El lunes tengo que volver al trabajo. Decidí ir primero a buscar las cosas de mi madre, luego de pasar por el hotel, así luego tenía el tiempo libre para recorrer los negocios, ir a comer, y demás. Tomé un taxi, Thomas miraba con sus ojitos bien abiertos todo lo que más podía, lo notaba muy entusiasmado. Tras pagarle al conductor, bajamos.
—Mira Tom, mira el perrito— le dije mientras tomaba su mano, me pareció muy tierno verle la sonrisita detrás del chupete. Él ama los perros. Frente a nosotros estaba el viejo edificio, tal como lo describió mi madre. Subimos las largas escaleras y entramos.
—Buenos días señorita, ¿qué desea?— La voz de la recepcionista era imponente pero a la vez tenía un toque de dulzura.
Le comenté lo que buscaba, rápidamente me dio un sobre de papel madera con todo lo requerido en su interior. Increíblemente no tuve que esperar, por suerte Thomas es tranquilo, lo heredó de mí, debo aclararlo, así que de lo contrario no hubiese tenido problema alguno.
—Muchas gracias—dije— Tengo entendido que el papel que está sellado debo llevarlo al Banco, ¿verdad?
—Así es, allí en la otra esquina se encuentra. Oficina ocho, recuerde. Pregunte por el encargado de turno, así no demora.
Volví a agradecerle, guardé el sobre en mi bolso y nos marchamos directo al Banco.
—Disculpe, necesito hablar con el encargado de la oficina ocho. ¿Usted sabe?— le pregunté al guardia.
—Claro, déjeme ver si está. Un momento—. Esperé unos minutos hasta que volvió hacía mí— El encargado no está, hay gente de todos modos en la oficina, si no es muy complicado el asunto puede pasar.
—Bueno, gracias. Es simplemente dejar un papel— sonreí y entré. Creo que nadie se dio cuenta de nuestra presencia. Me acerqué a uno de los escritorios.
—Buenos días. Me dijeron que entre, sólo tengo que dejar esto.
Ahora viene la parte menos esperada por mí. Rápidamente dejé el papel sobre el escritorio y salí del lugar apurando a Thomas.
— ¡Espera! ¡Espera!— Era desesperante que alguien te grite a tus espaldas, terminé por detenerme. No por mí, sino que olvidé que Tom no tiene la culpa de esto. ¿Justo tenía que pasarme esto en mi paseo? ¿El paseo para distraerme? Claro, esta es mi vida.
—No puedo creer que estás aquí.
—Lo mismo digo, Nicholas.
—Y él es…— le sonrió a Thomas. La parte dura “Tu hijo, tonto”. No, no puedo hacerlo.
—Thomas— con sólo decir su nombre creí que estaba en lo correcto.
— ¿Qué haces en Arizona?—preguntó de la nada.
—Vine a hacer unas cosas para mi madre. ¿Por qué estabas en esa oficina?
—Claro. Es que ayudo a mi padre cuando está muy atareado de papeles y eso, soy como su “aprendiz”.
—Entiendo…—Tan sólo eso me limité a decir.
—Vayamos a almorzar, creo que tenemos mucho de que hablar—. ¡Oh claro! Muchísimo, como por ejemplo: Thomas. Pero no.
—No lo creo, Nick.
—Por favor, no tiene nada de malo.
—Está bien, de todos modos, terminábamos estos asuntos e íbamos a ir.
No hubo esfuerzo alguno, Nicholas nos dirigió a apenas una cuadra de donde nos encontrábamos y entramos a un lindo restaurante, algo hogareño. Nos sentamos enfrentados y Thomas a mi lado.
—Woow—rompió el silencio—si que ha pasado el tiempo.
—Sin duda…—cualquiera notaría mi frialdad a kilómetros.
—Terminamos mal, sabes…
—¿Qué van a pedir?— el mozo me salvó ¡Alabado seas!
Pedí yo primera, si algo conservaba Nick, era esa caballerosidad. Luego el ordenó y el mozo hizo su retirada.
—Mami— Claro, Tom apenas habla, no lo hace con tanta frecuencia, y lo que más claro dice es “mami”.
—Él es… ¿él es tu hijo?—simplemente asentí. Noté como cambió la expresión de su rostro, sus ojos se abrieron completamente— ¿Por qué no me lo dijiste desde un principio?
—No vi razón…— Claro, más que tu eres el padre, otra razón no hay. Pensamientos tontos que no saldrán de mi cabeza por el momento.
—No puedo creerlo, ¿y el padre? Me refiero a… ¿vino con ustedes?
—No, no vino—. Está hablando el padre, tonto, bah…tonta yo. Pero no puedo, tengo miedo.
—Oh, ya veo… ¿qué edad tiene?
— ¿Quién?— reí.
—¡Thomas!—rió también.
—Un año y dos meses— sonreí.
—Sí que me olvidaste rápido— dijo. No pude soportarlo.
—Aquí tienen su comida, que la disfruten—. Otra vez el mozo me había salvado. Deberían de hacerle un monumento. Reí en mi interior al pensar esas tonterías.
—¿Te gusta, Tom? Vamos come un poco más— sonreí, amo ver comer a mi hijo.
—Es hermoso— Nick no dejaba de mirarlo, soltando algunas sonrisas de vez en cuando.
Esta situación era algo incómoda y encantadora a la vez, raro como mi vida misma. Tenía ganas de decirle a los cuatro vientos que Thomas era hermoso como él, porque es su hijo. SU HIJO.
—Tiene tu misma sonrisa—. Ahora entiendo, su plan es matarme ¿no? Lo peor es que yo no puedo acotar palabra alguna, estoy muda. Tengo miedo. Sigo con miedo.
Terminamos de comer.
—Todo estaba muy rico, que lindo lugar, Nick.
—Cierto, suelo venir bastante seguido. Aunque jamás imaginé estar acá…contigo… ya sabes. Creo que tenemos que hablar en serio.
—Nick, no podemos. Sé que nuestra charla va a terminar mal, no quiero que Thomas pase un mal momento. ¿Entiendes? Además, dudo que tengamos de qué hablar, lo hecho, hecho está. ¿No te parece?
—Es cierto, pero no podemos terminar así, tan mal. Sin volver a hablarnos, sin volver a saber uno del otro por casi dos años…
—Me engañaste, no sé si te acuerdas.
—Las cosas no fueron así, jamás me dejaste explicarte bien.
—Mis ojos no me mienten, yo te vi.
—Me equivoqué, como cualquier persona… Fue un impulso, un maldito impulso del que me arrepentiré toda la vida.
—Ahora lo asumes.
—Lo asumo porque quiero que esto quede bien, sabes…yo aún te amo—. Esas palabras resonaron en mi cabeza por un momento.
—Nick…
—Lo sé, no tengo oportunidad. Ni lo digas, me haría pedazos escucharlo. Me equivoqué, maldigo ese tonto error, porque no sabía lo que hacía… Lo malo es que uno se da cuenta de lo que tiene cuando lo pierde, el peor error mío fue irme definitivamente con tal de no hacerte sufrir, no querías verme y yo no quería lastimarte más de lo que lo hice, porque sé que lo hice. Más me doy cuenta ahora de que te perdí para siempre.
—¿Por qué Nicholas?—Perdí el aliento, lo vi a los ojos y los latidos de mi corazón comenzaron a ser predecibles.
—¿Por qué? ¿Encima lo preguntas? Empezaste otra vida, de cero, tienes un hijo, de seguro eres muy feliz junto a su padre… que más da.
—Sabes…no es así.
—¿No? Vamos, no seas compasiva. Tengo que entenderlo, no tengo otra alternativa.
—Nick…
—Perdón, sólo eso me queda por decir. Espero no haber obstruido tu vida en este momento porque…
—Nick…
—¿Qué?— preguntó al fin.
—Thomas…— las lágrimas comenzaron a brotar por sí solas, sin mi control.
—¿Por qué lloras? ¿Qué pasa con Thomas?
—Thomas es… bueno, él es…
—¡Habla de una vez, por favor!— No notaba que él llegase a predecir las palabras que estaba a punto de pronunciar.
—Tu hijo— concluí.
—¿Qué? ¿Qué dijiste?
—Thomas es tu hijo, Nick.
—Pero… pero… ¿Por qué no me lo hiciste saber antes?—se sobresaltó.
—Te fuiste, me enteré dos meses después. Pensé en buscarte pero ni siquiera sabía dónde podías estar y yo… siempre tuve miedo. No volví a estar con alguien más, no después de esto. Tuve a Thomas, y me las arreglé sola… yo…—Rompí en llanto.
Nicholas no mencionó palabra alguna, no en ese momento. Se me acercó y me rodeó con sus brazos.
—Perdón— dije.
—No puedo culparte de nada, yo soy el que tiene que pedirte perdón. Aunque dudo que alcance… —Jamás creí que esto resultaría así, que su reacción fuera esta.
—No quería que las cosas pasaran así, Nick.
—Shh, olvídalo… ¿puedo cargarlo?— La expresión de su rostro en ese momento fue verdaderamente hermosa.
—Ni lo preguntes, eres el padre. —Sonrió de una forma exquisita y lo alzó en sus brazos con timidez, Thomas se dejó sin problemas.
—Bueno Thomas, creo que nunca es tarde así que me presento. Soy tu papá— lo abrazó con todas sus fuerzas, no pude evitar sonreír.
—Sabes… el otro motivo del viaje era pasear con él y comprarle algunas cosas ¿nos acompañas?
— ¿En serio lo dices?
—Claro. ¿Vamos?
—Vamos, necesito acostumbrarme a esto— Salimos del lugar con los ojos de toda la gente clavados en nosotros.
—Empezaste bien, no te costará en absoluto— sonreí.
— ¿Hasta cuando se quedan?
—Mañana temprano nos volvemos a Dallas, en el vuelo de las nueve.
—¡¿Qué?! ¿Tan rápido?
—Sí, es domingo, tengo que llevarle los papeles que me encargó mi mamá y el lunes al trabajo.
—¿Qué haces?
—Soy cajera en un supermercado.
— ¿Y tu carrera? Recuerdo que querías ser abogada.
—Sí, aún quiero. Pero prefiero estar con Tom por ahora, luego veremos que sucede…
—¿Cuándo es su cumpleaños?— Me pareció muy lindo que Nick comience a preguntar cosas sobre su hijo, esto parecía uno de mis locos sueños.
—El cinco de noviembre— sonreí— igual que tu hermano.
—¡Qué coincidencia!—dijo sonriente aún con Thomas en sus brazos, era gracioso porque no podía sostenerlo bien, pero al menos hacia el esfuerzo.
—Si te cansa cargarlo bájalo, por suerte camina— reí.
—No, quiero cargarlo— sonrió.
Recorrimos unas tiendas, le compré ropa y unos mocasines. Luego entramos a una juguetería obligados por Nick. Lo vi mirar unos estantes con atención.
— ¿Qué haces?—pregunté curiosa.
—Quiero comprarle algo a Tom… ¿qué te parece este camioncito?— Me estaba muriendo de amor, era muy tierno de su parte… Soy tonta, lo sé.
—No es necesario, Nick.
—Claro que lo es, es mas, es poco.
Eligió el juguete que quería, nos dirigimos a la caja, lo pagó e hizo que lo envuelvan para regalo.
Caminamos un poco más hasta que oscureció, decidió acompañarme hasta el hotel donde nos hospedábamos, Thomas quedó dormido en mis brazos. Al llegar, Nick dijo:
—Y bien…este fue un loco día ¿no te parece?
—Sin dudas— respondí.
—Esto es raro, estuve pensando en el camino y sinceramente no sé que hacer.
—¿A qué te refieres?
—Es extraño empezar un día normal y terminarlo sabiendo que ahora eres padre… digo no. No sé si podré con esto, aunque sé que es mi responsabilidad, he cambiado—. Escucharlo decir eso me confundió, no sé si era mejor dejar las cosas como estaban antes que pasar por esto.
—No te preocupes, en definitiva como dije antes, pude sola, podré sola. Ya estuve sola en esto. Dejemos las cosas como estaban, no veo que necesiten un cambio.
—Pero ya cambiaron porque ahora yo sé la verdad.
—En eso tienes razón, pero hagamos como si nunca ocurrió. No creo que te afecte.
Dicho esto nos invadió el silencio, creí que no valía la pena seguir allí, pasando frío afuera. Por lo que sin emitir algún vocablo entré al lugar, dejando a Nicholas inmóvil afuera.
Esa noche me costó dormir, por suerte Tom no me vio llorar, no se lo merece. Bien temprano en la mañana, ambos nos despertamos, lo bañé, me bañé yo y bajamos a desayunar ya con el equipaje, nuestra próxima parada era el avión que nos llevaría a nuestra vida normal.
Llegamos al aeropuerto justo a tiempo para tomar nuestro vuelo. Esta vez sí se hizo eterno. Al arribar nos fuimos directo a casa.
— ¿Mamá?... ¿Papá?— al parecer no había nadie. En fin, dejé las cosas en mi habitación, prendí el televisor para que Thomas se entretenga un rato y bajé a prepararme un té.
Me encontraba pensando en si sería correcto contarles a mis padres lo que sucedió en Arizona o era mejor guardarlo como secreto. No sé como reaccionarían, si me regañarían por no haber hecho lo correcto… quién sabe. El timbre irrumpió mis pensamientos, como suele suceder. Mejor, pensar estas cosas sólo me autodestruyen. Abrí la puerta rápidamente.
—Ah bueno… ¿Qué se supone que haces aquí?
—Vine a darle un nuevo rumbo a esta vida. A hacer lo correcto, lo que siento que es correcto.
—Nick, yo… te dije que hagamos como que esto no sucedió.
—Eso es imposible, intenté detenerte en el aeropuerto pero fue demasiado tarde. Creo que si el destino hizo que nos reencontráramos fue por algo, no debemos contradecirlo.
—En serio, será mejor que tu hagas tu vida por allá, yo por este lado y listo.
—Dame una oportunidad, por favor, sólo una. Además, Thomas es mi hijo, por lo menos dame la oportunidad de demostrarte que puedo ser un buen padre, o que lo intentaré.
Sentí que en ese momento iba a desvanecerme, sin duda alguna estuve a punto. Miré hacia un costado, tomé aire y hablé:
— ¿Y esos bolsos?
—Vine para quedarme, para estar cerca de Tom y tuyo… si me lo permites.
—Woow Nick, esto pasó tan rápido… ayer yo… No sé que decir, no lo sé.
—Tienes dos opciones: o me dices que sí o no dices nada y lo tomo como un sí ¿qué te parece?
Reí, su picardía me sorprendió.
—Reír no estaba en las opciones pero puedo tomarlo como un sí también… ¿O no?
—Creo que no puedo negarte el derecho sobre Tom, el es tu hijo…
—¡Gracias!—me abrazó con fuerza, sorpresivamente. Ahora sí iba a desvanecerme.
—¿A dónde piensas quedarte?—fue muy insensible de mi parte contestar de ese modo, pero estaba nula.
—Eso no importa ahora, ya veré… lo importante es que podré remediar esto de alguna forma, estar cerca de mi hijo. Ser feliz, intentaré hacer lo mejor posible, lo prometo.
—Ven, pasa…hablemos mejor adentro.
Dejamos las cosas en el living y le ofrecí algo de beber, recordé que mi té estaba intacto y… frío.
—Todo está exactamente igual—dijo mirando a su alrededor.
—Así es… nada ha cambiado en esta casa.
—¿Y Thomas?
—Está en mi habitación viendo televisión, aunque te aseguro que ha de estar dormido—reímos.
—A pesar de todo eres buena madre.
—Eso intento, no es fácil.
—Ahora será más fácil.
—No lo creo.
—¿Por qué?
—Hasta que las cosas se acomoden esto será raro y difícil. Sé lo que digo.
—Quiero que vayas a la universidad, te lo mereces.
—No puedo cambiar así de fácil, Nick.
—Sí que puedes…—dejó suspenso mientras se acercó más a mí.
—¿Tan seguro estás? ¿Desde cuándo eres tan positivo? No te recordaba así.
—Desde que mi vida cambió.
—Te refieres a esto de ser padre, ¿no es así?
—Sólo en parte.
—¿En parte?— pregunté.
—Sí, la mayor parte del cambio se debe a este reencuentro.
—Nick…
—No digas nada, por favor. Porqué simplemente no nos damos una oportunidad ambos, cambiamos. Bueno, sobretodo yo era el que tenía que cambiar…
—No hagas esto más complicado aún, en serio lo digo. Sabes, pronto vendrán mis padres y no sé cómo voy a decirles esto.
—Eso no importa ahora.
—Sí que importa, y lo sabes.
—Lo que realmente importa ahora es el nosotros.
—¿Qué? No, no, ningún nosotros… sólo tú y Thomas, y claro, Thomas y yo.
No habló, quedó total y completamente callado. Era demasiado tarde, yo ya había cerrado mis ojos a causa del beso que me estaba dando, ya me encontraba con mis brazos alrededor de su cuello y con los suyos rodeando mi cintura. No pude resistirme, las lágrimas salieron como por arte de magia.
—No, Nick… no—me separé. Él también lloraba.
—Por favor… intentemos, no nos cuesta nada.
—Te extrañé muchísimo—confesé sin darme cuenta y tapé mi boca arrepentida.
—No te aflijas, yo también lo hice. No sabes cuanto—sonrió— y bien… ¿podemos?
Lo pensé por un momento, hasta que lo vi demasiado desesperado y contesté:
—Creo que sí.
Lo abracé, esta vez yo fui quién lo hizo. Volví a sentirme protegida en sus brazos por un momento.
—Vayamos a decirle a Tom que mamá y papá están juntos— sonrió entusiasmado.
—No creo que lo note— reí.
—No seas tonta, sé que se va a poner feliz. Sé que sí— reímos. Subimos hasta mi cuarto, no me equivoqué estaba dormido y chupándose el dedo. Nick se acercó y lentamente se recostó a su lado. Me quedé cruzada de brazos en la puerta observando la escena.
—¿Qué haces? Ven con nosotros.
— ¿Recuerdas cuando ayer me dijiste que Thomas era hermoso?
—Sí y lo sigo sosteniendo—rió.
—Bueno, por mi mente pasó algo que voy a decirte ahora.
— ¿Qué cosa?
—Es hermoso como el padre— sonreí. Nicholas se puso de pie y volvió a besarme.
—Te amo, por si no lo dije antes—rió—. Perdón por lo que te hice pasar, no te lo merecías.
—Mejor no hablemos de eso ahora. Te amo también, ahora puedo decirlo.
—Y repetirlo las veces que quieras—me guiñó el ojo, no pude evitar soltar una risita.
—¿Qué será de nuestra vida ahora?—dije.
—Veremos… por el momento ser felices. Creo que lo que menos me interesa es lo que digan tus padres y los míos.
Nos recostamos a los lados de Thomas, tomándonos de una mano por encima de él, abrazándolo. Nick besó su frente tiernamente.
—Te amo—repetí.
—Yo los amo, y de eso estoy más que seguro.
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