-Cuando te calles y me escuches podré explicarte...
-No hay nada que explicar-. Sentí el temblor de la puerta al cerrarse con mucha fuerza, quizás producto de la rabia, quizás producto del rencor.
-Te amo...-susurré. Ella no lo sabe, y no, no pienso decírselo. Sólo me quedé en mi habitación, sintiéndome el tonto del año.
Llevo dos años amándola en secreto, dos años pensando en cada detalle para hacerla sentir bien, en cómo sacarle una sonrisa. Dos años observando como se enamora y le rompen el corazón una y otra vez, pero ahí estoy yo, alentándola y jurándole que va a aparecer el hombre perfecto para ella, porque quiero que sea feliz, aunque yo no sea quien cause su felicidad.
Lo que comenzó como algo común, como una linda complicidad, terminó siendo la razón de mis lágrimas. Si, los hombres también lloramos, tenemos sentimientos, amamos. Y yo...bueno, me enamoré de la persona equivocada, me enamoré de mi mejor amiga.
-Pasá...-dije tras oír como golpeaban la puerta. Sabía que era ella, la conozco, sé que aunque quiera odiarme no puede. Aunque yo me porte mal con ella, ella recibe mis disculpas sin quejas, queriendo olvidar todo y seguir con nuestra amistad. Supongo que eso me enamoró un poco también. Nos entendemos. A pesar de ser sensible, y algo frágil muchas veces, tiene su carácter y conmigo intenta mostrarlo.
-Bueno, no voy a dar explicaciones de porqué volví. Te escucho-. Se cruzó de brazos y logró intimidarme con su mirada.
-Está bien, voy a ser directo. Siento que me dejaste un poco de lado. Prometimos que no pasaría, y me dijiste que los amigos están primero porque son para toda la vida. Además...
-¿Celos?-se sentó a mi lado.
-No-reí con ganas.
-No hay razón para justificar tus acciones últimamente. Escuchame, no creas ni sientas eso. ¿Sabes lo que pasa? Sé que vos y yo somos inseparables. Sos mi mejor amigo, estás a una altura increíble en importancia y sé que siempre vas a estar para mí.
Sus palabras fueron hermosas y a la vez algo devastadoras, acabó aún más con mis posibles esperanzas. Simplemente la abracé. También es muy importante en mi vida, no se que haría sin ella.
CUATRO AÑOS DESPUÉS...
Increíblemente estoy esperándola en el altar, después de tantos preparativos el día llegó. Escucho la marcha nupcial y la veo entrar vestida de blanco, es una princesa. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Se acerca más y más, su timidez se logra ver a lo lejos, pero aún así no pierde la presencia. La tengo a centímetros, siento su perfume rodeándome. Me sonríe. Le guiño el ojo. Vuelve a sonreírme y se sostiene del brazo de su futuro esposo.
Me eligió como su padrino de boda, estoy orgulloso. Aunque debo admitirlo, sigo enamorado de ella. No podré olvidarla tan fácil. Estoy seguro que jamás olvidaré a la persona que robó mi corazón. La tengo conmigo de todos modos, ella es feliz y, desde mi humilde lugar, voy a seguir protegiéndola...
-¡Viva los novios!-Gritaron todos a coro.
Me acerqué a saludar a los recién casados. Ella me abrazó muy fuerte y dijo:
-Gracias, gracias, gracias por compartir esto conmigo.
La miré a los ojos y sonriendo le respondí:
-Te quiero mucho.
FIN.